Transformar el hogar en un lugar más saludable

Jesús Sanchís

Dietista y nutricionista

Vivimos rodeados de alimentos y fármacos, pero nuestros niños son cada vez más asmáticos, alérgicos, atópicos y obesos. Las infecciones han sido reemplazadas por enfermedades derivadas del exceso de higiene, el estrés crónico y una alimentación basada en productos ultraprocesados. Lo común se ha confundido con lo normal, cuando en realidad muchos de estos síntomas reflejan un desequilibrio. La raíz de muchos problemas está en el intestino, que alberga el 80% de nuestras defensas. Para tener salud, primero hay que cuidar el intestino.
La salud integrativa es una necesidad. No basta con aplicar parches como ibuprofeno o paracetamol. La prevención y la coherencia en los hábitos cotidianos son clave. Y todo empieza en casa, con el ejemplo: comiendo bien, comprando mejor y creando un entorno donde lo saludable sea lo habitual. Lo que ofreces a un niño pequeño debería ser válido para todos los miembros de la familia.
En casa solo debería haber alimentos sanos. Las proteínas deben estar presentes en cada comida, ya que son fundamentales para la estructura del cuerpo y la salud muscular, aún más con la edad. También son esenciales las grasas saludables, como las del pescado azul, ricas en omega-3, por su efecto antiinflamatorio. Los carbohidratos deben ajustarse al nivel de actividad física. La base de la alimentación debe ser vegetal: frutas, verduras, y luego proteica. Además, dar descanso al sistema digestivo con un ayuno nocturno de al menos 12 horas tiene múltiples beneficios. Si un niño no tiene hambre, no hay que forzarlo. Pero cuando coma, que sea comida sana.
Finalmente, ser ejemplo también implica hábitos como cocinar juntos, hacer deporte, cenar temprano, leer y dormir bien. Vivimos de día y descansamos de noche: la salud empieza en el hogar.