Clara Boj, docente de la UPV, artista visual e investigadora en arte y educación

La cultura, los derechos culturales y la escuela

Clara Boj
Docente de la UPV, artista visual e investigadora en arte y educación


Las relaciones entre cultura y educación se construyen por lo general a partir de su concepción como esferas separadas que si bien en ocasiones se reconocen como aliadas y trazan estrategias de desarrollo conjuntas, en otros momentos se rechazan con indiferencia como si lo que interesa a la una no fuera de la incumbencia de la otra.

Si bien nadie duda de la naturaleza conectada de estas esferas y la potencialidad de su desarrollo común, estos continuos vaivenes se han traducido en políticas, planes y modelos educativos y culturales dispares en los que sin embargo se observan ciertas constantes: la asimilación acrítica de determinadas jerarquías estéticas occidentales como formas culturales hegemónicas, la comprensión dogmática de los beneficios de la cultura en un sentido abstracto y la concepción de la escuela como campo de cultivo de visitantes para las instituciones culturales. Bajo estas claves han tomado forma, con algunas excepciones, gran parte de los desarrollos de la educación artística de las últimas décadas así como los programas educativos de los museos y espacios culturales y otras acciones de conexión entre el mundo cultural y el educativo, poniendo en valor determinadas producciones y objetos culturales señalados como Arte por las instituciones culturales en contacto con los cuales se espera que los niños y niñas se impregnan per se de los valores de la cultura, la aprecien de forma sensible, la consuman y en determinados casos excepcionales la produzcan de forma profesional.

El reduccionismo de este enfoque entronca con la visión tradicional de la escuela como mera transmisora de conocimientos o información en el que la cultura se define externamente por especialistas dejando a la escuela un mero papel reproductor sin voz ni participación en los discursos, prácticas y políticas culturales.

Por ello, es pertinente abrazar con entusiasmo el cambio de modelo que proponen los derechos culturales y los distintos planes que para su concreción se están desarrollando en el estado español impulsados por iniciativas como la Observación General 21 sobre el derecho a participar en la vida cultural de la ONU (2009), la declaración resultante del encuentro mundial sobre políticas culturales Mondiacult 2022 o el nuevo Marco para la Educación Artística y Cultural de la Unesco (2024). Los derechos culturales protegen e impulsan el acceso igualitario a la cultura, la participación en la vida cultural desde el reconocimiento de la diversidad cultural y la libertad para crear y expresar la propia identidad, visibilizando y apoyando las expresiones culturales minoritarias y vinculadas a los territorios, la riqueza cultural y lingüística, los conocimientos locales y el diálogo intercultural. En su conexión con la educación, nos ofrece una perspectiva amplia que potencia el encuentro entre saberes e identidades, cuestiona el papel de las instituciones culturales y educativas en discursos y referentes hegemónicos, y se impulsa la experimentación.

Lo derechos culturales se configuran como una base estable desde la que construir una nueva relación para la escuela y la cultura basada en el reconocimiento de las formas y expresiones culturales de los estudiantes y sus familias y la consideración de los centros educativos como espacios creativos generadores de cultura.