«Espejito, espejito…» La influencia de los adultos en los niños

Por José María Carayol
Codirector del instituto de la pareja de Murcia

En el mundo de ilusión y fantasía de los niños, los adultos se convierten en espejos mágicos donde los más pequeños se miran constantemente. Ellos buscan la mirada del adulto para entender mejor su mundo interior y todo lo que les rodea. En ese feedback entre el niño y el adulto, los infantes irán construyendo su personalidad, sus emociones y cogniciones; aprenderán a comportarse y crearán los cimientos en los que su ser y su vida se irán forjando poco a poco.

Los niños tienen tres características especiales que hacen que los adultos puedan influenciarlos en su periodo de desarrollo y evolución, de una manera extraordinaria.

Lo primero es que tienen en su edad temprana una grandísima capacidad de aprendizaje, son máquinas perfectas para adquirir conocimientos, esponjas que lo absorben todo, sus neuronas se conectan creando caminos de aprendizaje en su cerebro de una forma asombrosa. Son como pegamento, lo que ven y sienten se queda adosado en su torrente emocional y cognitivo, creando ideas y pensamientos del mundo que les rodea y de ellos mismos.

En segundo lugar, los niños se lo creen todo. Su falta de madurez, su inocencia y desconocimiento de la vida crea en ellos una sensación de que todo puede ser verdad y posible. Se pueden llegar a creer cualquier cosa, sea buena, mala o regular, verdad o mentira.

Y, en tercer lugar, los niños son muy vulnerables, su capacidad de aprendizaje y de creerlo todo, les convierten en pequeños seres enormemente vulnerables, manejables, influenciables, manipulables y sensibles.

La influencia del adulto en los niños y niñas afecta a todas la áreas de su desarrollo, y cuanto más cercano sea el adulto, más poder de influencia tendrá y el impacto del reflejo que le dé al menor será mayor.
Muchos adultos llevan mochilas en sus espaldas de dolor y sufrimiento, heridas que no han podido sanar, experiencias que les han marcado el corazón.

Tal vez se vieron reflejados en espejos rotos en su infancia, padres o madres, tíos o primos, o amigos que les reflejaron aspectos negativos de ellos mismos, vieron un «no vales», o «no eres suficiente». Tal vez experimentaron el reflejo de «no me importas» o se vieron reflejados en espejos donde ellos sentían que no les querían, y casi sin querer, podemos llegar a proyectar hacia fuera los mismos errores que nos han marcado hacia dentro.

Lo mejor es que hoy podemos convertirnos en una mejor versión de lo que tal vez hicieron con nosotros; siempre hay posibilidad de reparar y dar mejores reflejos de nosotros mismos a los que nos rodean, especialmente a los más pequeños, los niños. Ellos no saben vivir, no saben comportarse, no saben amar, están aprendiendo a hacerlo mirándose en el espejo de los demás, especialmente de los adultos más cercanos. Un día ellos serán espejos donde otros se miren.

Pero hoy, en su mundo de fantasía, siguen buscando espejitos mágicos que les digan lo hermosos que son y el tremendo valor que tienen. Que los respeten, que los corrijan y los amen de verdad. Cuando lo encuentren no pararán de mirar a ese espejo y, enamorados de su reflejo, le preguntarán constantemente… «Espejito, espejito mágico…».