Carlos Riera Andreu
Responsable de Sorolla Arts, Creatividad y Talento de Grupo Sorolla Educación
El foro Creciendo Juntos Comunitat Valenciana nace con la vocación de acompañar a las familias en un contexto educativo cambiante. Desde su experiencia, ¿cuáles diría que son hoy los principales retos que afrontan padres y educadores en la crianza y formación de los niños y jóvenes?
Creo que el gran reto es entender que el mundo ha cambiado, pero nuestra forma de educar no siempre lo ha hecho al mismo ritmo. Seguimos muy centrados en los resultados, en lo visible, cuando lo verdaderamente importante ocurre antes: en los procesos que no se ven. Ahí es donde los niños y niñas aprenden a pensar, a decidir, a equivocarse y a volver a intentarlo. Para familias y educadores, el desafío no es tener todas las respuestas, sino cambiar la mirada: dejar de preguntarnos solo qué hacen bien y empezar a observar cómo están creciendo. Porque hoy educar no es solo enseñar contenidos, es generar contextos donde cada niño pueda desarrollarse. Y en ese camino, la creatividad deja de ser un complemento para convertirse en una necesidad.
Usted lidera el área de Sorolla Arts, Creatividad y Talento dentro de Grupo Sorolla Educación. ¿Qué papel juega la creatividad en el desarrollo integral del alumnado y cómo se trabaja de forma práctica en las aulas?
La creatividad juega un papel central, porque es el espacio donde el alumnado no solo aprende, sino que se construye. Cuando un niño crea, está tomando decisiones, gestionando la frustración, enfrentándose a lo desconocido. Está desarrollando competencias que van mucho más allá de lo académico y que van a marcar su forma de estar en el mundo. En la práctica, esto no se trabaja como algo aislado, sino integrado en el día a día. A través de disciplinas como la música, la danza o el teatro, generamos contextos donde el alumnado puede probar, equivocarse y volver a intentarlo, entendiendo que el valor no está solo en el resultado, sino en todo lo que ocurre durante el proceso. Porque es precisamente ahí donde empieza a aparecer el talento.
En un entorno cada vez más marcado por la tecnología y la inmediatez, ¿cómo se puede fomentar el pensamiento crítico y la sensibilidad artística entre los estudiantes?
Precisamente en un entorno así es donde más necesario se vuelve. La tecnología y la inmediatez nos empujan hacia la respuesta rápida, pero el pensamiento crítico y la sensibilidad artística necesitan justo lo contrario: tiempo, proceso y experiencia. Se fomentan generando espacios donde el alumnado tenga que parar, observar, interpretar y tomar decisiones. Espacios donde no todo esté dado, donde tengan que construir su propia respuesta y no solo encontrarla. La creatividad es una de las mejores vías para hacerlo, porque obliga a pensar, a sentir y a posicionarse. Y, en el fondo, de eso se trata: no solo de que sepan hacer cosas, sino de que aprendan a comprenderlas y a darles sentido.
Grupo Sorolla Educación ha apostado por modelos educativos innovadores. ¿Qué iniciativas destacaría que estén marcando la diferencia en la forma de enseñar y aprender?
Más que iniciativas concretas, destacaría una forma de entender la educación. En Grupo Sorolla Educación estamos apostando por modelos que ponen el foco en el proceso de aprendizaje y en el desarrollo integral del alumnado. Proyectos donde el alumno no es un receptor, sino protagonista, donde tiene que pensar, decidir y construir. En ese contexto, Sorolla Arts es un buen ejemplo: no como una actividad aislada, sino como un ecosistema donde la música, la danza y el teatro forman parte del día a día y actúan como catalizadores de ese desarrollo. Porque cuando cambias el contexto, cambia la forma de aprender. Y es ahí donde realmente empiezan a marcarse las diferencias.
El foro reúne a expertos de distintos ámbitos para ofrecer herramientas útiles a las familias. ¿Qué tipo de orientaciones considera más necesarias hoy para reforzar la colaboración entre escuela y hogar?
Creo que la orientación más necesaria hoy es ayudar a alinear miradas. Escuela y familia no pueden ir por caminos distintos. Es clave entender que educar no es solo acompañar resultados, sino procesos, y que muchas veces lo más importante no es lo que se ve, sino lo que está ocurriendo por dentro. Para eso, las familias necesitan herramientas para observar, para entender cómo aprenden sus hijos y para confiar más en los tiempos de desarrollo. Y la escuela debe ser capaz de abrir ese proceso, hacerlo visible y acompañar también a las familias. Cuando esa conexión existe, todo cobra más sentido.
Desde su perspectiva, ¿cómo pueden los centros educativos detectar y potenciar el talento individual de cada alumno sin perder de vista el aprendizaje colectivo?
Creo que la clave está en cambiar la pregunta. No se trata tanto de detectar quién tiene talento, sino de generar contextos donde ese talento pueda aparecer. Cuando el entorno es adecuado, el alumnado encuentra su lugar sin necesidad de forzarlo. Eso implica trabajar desde el proceso, ofreciendo experiencias diversas donde cada alumno pueda probar, equivocarse y descubrir cómo aprende y qué le motiva, siempre dentro de un marco común. Porque el aprendizaje colectivo no se pierde cuando se potencia lo individual; al contrario, se enriquece. Cuando cada alumno aporta desde su singularidad, el grupo crece.
Mirando al futuro, ¿qué tendencias educativas cree que tendrán mayor impacto en los próximos años y cómo se está preparando Grupo Sorolla Educación para afrontarlas?
Creo que la tendencia más clara es el paso de un modelo centrado en el conocimiento a otro centrado en el desarrollo de la persona. Hablamos de creatividad, pensamiento crítico, capacidad de adaptación… habilidades que no siempre son visibles, pero que van a marcar la diferencia en un entorno cada vez más cambiante e incierto. En Grupo Sorolla Educación nos estamos preparando precisamente desde ahí: generando contextos de aprendizaje donde el alumnado no solo adquiera contenidos, sino que aprenda a pensar, a decidir y a enfrentarse a lo desconocido. Porque el futuro no va solo de lo que sabemos, sino de lo que somos capaces de construir con ello. Y, en ese camino, la educación tiene una responsabilidad clave: no solo enseñar respuestas, sino abrir espacios donde cada alumno pueda descubrir quién es y hasta dónde puede llegar.


