Coni La Grotteria, directora pedagógica de la Escuela infantil Ituitu en València

Educar sin miedo: criar con respeto, límites y amor

Coni La Grotteria
Directora pedagógica de la Escuela infantil Ituitu en València

No existe el manual perfecto para criar a la familia ideal. Y está bien que así sea. Educar no es una receta con pasos exactos, sino un camino que se recorre con amor, respeto, escucha y grandes dosis de paciencia. Somos una generación que está aprendiendo a mirar la infancia desde otro lugar, una generación que se permite dudar, reparar, incluso pedir perdón y, sobre todo, construir puentes en lugar de muros. Estamos rompiendo con frases como «porque lo digo yo y punto» o esas tan conocidas de «ni peras y ni peros».


Educar sin miedo no significa ceder a todo. Significa sostener y acompañar con firmeza y ternura. Los niños y niñas necesitan límites, claros, coherentes y amables. Límites que no hieran, sino que orienten, que den seguridad y les guíen. Es decir, que no impongan, sino que acompañen. No hay fórmulas mágicas, pero sí una certeza: cuando educamos desde el respeto, dejamos una huella profunda y duradera. Cuando les hablamos con un lenguaje cercano, adecuado a su edad, y validamos sus emociones, les estamos enseñando a nombrar lo que sienten, a escucharse, a ponerse en el lugar del otro. Y para eso, necesitamos mostrarnos también como somos: humanos, imperfectos, con días buenos y días difíciles. Poder decir «me equivoqué», «lo siento» o «hoy estoy cansado» no nos debilita, nos humaniza. Le da valor a la palabra. Crea ventanas de diálogo, de empatía, de encuentro.


La infancia aprende de lo que ve y experimenta. Es una premisa que merece todo nuestro respeto y consideración. Por ello, es necesario hacer una introspección honesta y preguntarnos: ¿qué tipo de familia queremos ser? Todas las familias deseamos que nuestros hijos e hijas sean felices y en el futuro adultos competentes, pero, sobre todo, es esencial que sean buenas personas. Nos observan todo el tiempo, somos su modelo de respeto, su referente emocional, su ejemplo de humanidad. Por eso, también es importante hablar de temas valientes, romper prejuicios y estereotipos desde casa, con naturalidad y apertura. Apostar por una cultura de paz desde la primera infancia es un acto civil y educativo muy poderoso.

Educar en valores, en la tolerancia, en diversidad, no solo forma personas más libres, empáticas y críticas, sino que también construye una sociedad más justa. Educar sin miedo es una elección valiente. Es apostar por la crianza consciente, esa que combina amor con límites, presencia con autonomía, firmeza con dulzura. Es ser esa figura de referencia que sostiene sin controlar, que guía sin castigar, y que acompaña sin juzgar.