Víctor Claver, ex jugador de baloncesto, definió el deporte profesional como una «burbuja» y explicó qué factores le habían permitido mantenerse durante 18 años en la élite, más allá del talento o las condiciones físicas, y que pueden trasladarse a la educación. En concreto, detalló cinco aprendizajes fundamentales.
El primero, saber escuchar, entendido no como obediencia automática, sino como la capacidad de comprender, interiorizar y aplicar lo aprendido. En este sentido, trasladó esta idea a la educación, defendiendo que los menores deben desarrollar criterio propio. El segundo fue la capacidad de adaptación. A lo largo de su carrera, desempeñó diferentes roles dentro de sus equipos, desde funciones ofensivas hasta tareas defensivas. «Si enseñamos a los niños que solo vale ser el mejor, se frustrarán la mayoría de las veces», advirtió.
El trabajo en equipo constituyó otro de los pilares de su discurso. Claver subrayó la importancia de aportar al grupo incluso cuando el protagonismo es limitado. Recordó sus inicios en la selección española, donde asumió un papel secundario que, con el tiempo, le permitió formar parte de grandes logros colectivos.
También abordó la gestión del error, uno de los aspectos más complejos en el deporte de alto nivel. «Los mejores fallan más de lo que aciertan», señaló, defendiendo la necesidad de enseñar a los jóvenes a equivocarse sin miedo y a valorar el esfuerzo por encima del resultado. Por último, incidió en la importancia de centrarse en aquello que depende de uno mismo.
Claver equiparó estos aprendizajes al ámbito familiar, comparando la infancia con una «burbuja» creada por las familias para proteger a los hijos.
