La profesora y comunicadora Vanessa Amat, especialista en altas capacidades y directora del centro Hirameki en Castellón, destacó que «todavía el 90 % del alumnado con altas capacidades no está identificado», lo que implica que solo uno de cada diez recibe el reconocimiento y acompañamiento adecuado.
Para ilustrar esta realidad, la experta compartió el caso de «Luna», una alumna aparentemente ejemplar: tranquila, con buenas notas y sin problemas de conducta. Sin embargo, detrás de ese perfil se escondía una situación de desconexión progresiva. «Era la alumna invisible. Nadie se daba cuenta de que se estaba apagando poco a poco», explicó.
La especialista subrayó que las altas capacidades no se reducen a un alto coeficiente intelectual, sino que implican una forma diferente de procesar la información, más rápida y profunda.
Entre las señales que pueden alertar a las familias, destacó la intensidad emocional. No obstante, insistió en que no existe un perfil único y que la evaluación profesional es fundamental para confirmar cualquier sospecha. En este sentido, defendió la importancia de identificar cuanto antes estas características para evitar problemas como el aburrimiento, la desmotivación o el fracaso escolar.
Finalmente, la experta ofreció algunas claves para las familias, como escuchar activamente a los menores, respetar sus intereses, validar sus emociones y evitar la sobrecarga de actividades. La intervención concluyó con una llamada a cambiar la mirada hacia estos niños y niñas: «Cuando un niño se siente visto, deja de esconderse y empieza a brillar».
