Fátima Revert
Pediatra
Las pantallas han llegado para quedarse y, aunque tienen muchas utilidades positivas, también están generando serios problemas de salud en niños y adolescentes. La Asociación Española de Pediatría recomienda cero pantallas de 0 a 6 años y menos de una hora diaria de 7 a 12 años, incluyendo el tiempo escolar y siempre bajo supervisión adulta.
El uso descontrolado está generando alteraciones del neurodesarrollo, problemas de sueño, salud mental y dificultades en la gestión emocional.
Cada vez más niños usan el móvil de forma excesiva, incluso por la noche, lo que provoca insomnio, cansancio, cefaleas, irritabilidad y falta de atención.
El descontrol parental es uno de los factores clave. Muchos menores usan pantallas en el carrito, en el baño o a la hora de dormir, cuando en realidad deberían estar en contacto con su entorno, desarrollando habilidades sociales y emocionales.
El uso precoz y desregulado de pantallas impide que los niños desarrollen tolerancia a la frustración, empatía y autorregulación emocional. Además, la dopamina rápida que generan las redes sociales y los videojuegos crea dependencia y vacío emocional. Sin olvidar la exposición a contenidos peligrosos, como páginas de anorexia o violencia, los cuales también son un riesgo real.
El déficit de sueño, agravado por el uso nocturno de dispositivos, se relaciona con obesidad infantil y alteraciones hormonales. Por eso se recomienda apagar pantallas dos horas antes de dormir. También afecta la memoria y el lenguaje.
Las familias deben ser ejemplo y establecer límites, promoviendo el juego físico, la lectura y las relaciones personales. Cabe destacar que las alteraciones del neurodesarrollo podrían no ser reversibles.
La mejor preparación para el mundo online es una infancia rica en experiencias offline.