Francisco López
Presidente y director técnico de la asociación Patim
Desde joven, mi vida ha estado ligada al compromiso social. A los 12 años ya organizaba campamentos y decidí formarme en ciencias sociales. En Madrid, me impactó la realidad de las personas sin hogar y me involucré en el mundo de las adicciones. Lo viví desde dentro, en las calles, enfrentando la dureza de la muerte, el sida y la sobredosis, lo que me dio una gran resiliencia. Hace más de 40 años fundamos una entidad centrada en las adicciones. Hemos vivido la evolución del consumo: heroína, cocaína, drogas de diseño, alcohol y ahora pantallas y juego online. Lo más doloroso es ver cómo ha cambiado la sociedad y cómo maltrata a la juventud, condenándola a un futuro sin esperanza, sin vivienda, sin oportunidades.
La adolescencia no tiene edad. Tratamos con jóvenes de 14 y de 40 años. Las adicciones actuales, como la dependencia a pantallas, destruyen no solo a quienes las sufren, sino también a sus familias. Y muchas veces, esas familias no escuchan, no fomentan la comunicación ni los valores fundamentales como la solidaridad o el respeto.
Vivimos en una sociedad polarizada, donde faltan el diálogo y el reconocimiento de la salud mental como un problema real. La patología dual, esa mezcla de adicción y trastorno mental, sigue sin abordarse adecuadamente. Consumimos ansiolíticos sin cuestionarlo y los jóvenes replican estos patrones. A ellos les transmitimos desesperanza, no emprendimiento ni alternativas saludables. Les ofrecemos ocio vacío como única salida. Y así llenamos cafeterías y bares, mientras crece una juventud desmotivada, vulnerada. Nadie merece vivir en la calle. La sociedad debe actuar para no dejar a nadie atrás.