La crianza multilingüe se basa en la motivación y las relaciones

Ted Winslow

Jefe de Estudios de Secundaria de BSVR y experto en multilingüismo

La crianza multilingüe no consiste en elegir qué lengua usar en cada momento, sino en entender con quién y para qué se habla. Las relaciones son el eje central del uso de las lenguas. Existen diversos modelos de multilingüismo, todos válidos: simultáneo, sucesivo, coordinado, compuesto, receptivo o productivo. Además, hay enfoques aditivos, que valoran positivamente el uso de varias lenguas, y sustractivos, que lo ven como una carencia. Este último enfoque suele aparecer cuando los hablantes provienen de contextos menos privilegiados, lo que debemos cuestionar.
El multilingüismo receptivo –entender una lengua aunque no se hable– es también válido y valioso. Se tiende a menospreciar esta competencia y hay que reconocerla como una forma legítima de multilingüismo, una herencia lingüística y cultural.
La crianza multilingüe implica definir objetivos: no todos los niños deben hablar todas las lenguas con la misma competencia. Es esencial distinguir entre habilidades sociales y académicas, ya que hablar una lengua no implica automáticamente dominarla en contextos escolares o formales. La alfabetización es un proceso distinto y debe ser planificado.
La motivación es clave. Aunque las familias tengan metas, la motivación de los niños es determinante. Para fomentar el uso de una lengua, se necesitan contextos significativos de interacción, vínculos emocionales, lectura y oportunidades reales de uso. El éxito en el multilingüismo no es hablar todas las lenguas perfectamente, sino alcanzar los objetivos propuestos: desde comunicarse con la familia hasta escribir en contextos académicos. Conocer a los hijos, planificar con sentido y centrarnos en relaciones y motivación es la base de una crianza multilingüe efectiva.