Carlos Domingo Benito
Logopeda y audiólogo clínico, vocal del Col.legi Oficial de Logopedas de la Comunitat Valenciana
El lenguaje infantil es mucho más que palabras. Es una capacidad compleja que permite a los niños entender el mundo, expresar lo que sienten y piensan, y relacionarse con los demás. Desde muy pequeños, los niños utilizan múltiples formas de comunicación: el llanto, la mirada, los gestos, las primeras palabras… Todo ello forma parte de un proceso natural y dinámico que se construye día a día en contacto con su entorno. Entre los 2 y los 10 años, este proceso se afianza y evoluciona de forma significativa. No se trata de memorizar vocabulario o repetir frases, sino de desarrollar una herramienta funcional para comunicarse de forma efectiva y ajustada a diferentes contextos. El lenguaje es la base del aprendizaje, de la socialización y del desarrollo emocional. Por eso, es importante acompañarlo con atención y comprensión.
En este acompañamiento, la figura del logopeda puede ser de gran ayuda. Muchas veces se asocia al logopeda únicamente con problemas graves o con la corrección de la pronunciación, pero nuestra labor va mucho más allá. Evaluamos cómo se está desarrollando el lenguaje en sus distintas dimensiones (comprensión, expresión, uso social, fluidez, articulación…), y acompañamos tanto a los niños como a sus familias en el fortalecimiento de sus habilidades comunicativas.
No todos los niños se expresan igual ni al mismo ritmo. Cada uno tiene su propio estilo de desarrollo. Sin embargo, hay ciertos indicadores que pueden orientarnos y que, en caso de duda, conviene comentar con un profesional. Por ejemplo, si el niño tiene dificultades para entender instrucciones cotidianas, si utiliza muy pocas palabras para su edad, si le cuesta encontrar las palabras adecuadas, organizar sus ideas al hablar o participar en conversaciones, puede ser útil consultar. No necesariamente estamos ante un trastorno, pero contar con una valoración logopédica puede aportar claridad y herramientas útiles.
La intervención logopédica no busca acelerar forzadamente el lenguaje, sino ofrecer apoyos adecuados para que cada niño desarrolle su potencial comunicativo con confianza y seguridad. En muchas ocasiones, se trata simplemente de orientar a la familia, proponer actividades adaptadas al entorno del niño, y favorecer un contexto rico en estímulos lingüísticos. También trabajamos en colaboración con docentes y otros profesionales, cuando es necesario, para asegurar una visión global y coordinada. Este trabajo en equipo es especialmente importante en edades escolares, cuando el lenguaje ya se convierte en una herramienta esencial para el aprendizaje y la participación. En definitiva, acudir a un logopeda no debe verse como una preocupación, sino como una forma de cuidar y potenciar una capacidad fundamental en la vida de cualquier niño: la de comunicarse con el mundo.