Rosa Mª Merlos y Paloma Núñez.

El mejor comienzo. La lactancia materna y alimentación saludable

Rosa Mª Merlos y Paloma Núñez
Doctoras del servicio de Pediatría del Hospital Vithas Valencia 9 d’Octubre

Cuando llega un bebé a una familia, cambia todo y nos llenan de emociones. Además, es un momento de formación para llegar al momento del nacimiento del bebé más tranquilo. En este momento, sabemos que las madres que se informan antes de dar a luz suelen apostar después por la lactancia materna, que es bueno para el bebé, la madre y la sociedad en general. Es un «alimento vivo» que cambia día a día y contiene todo aquello que necesita el bebé para crecer y desarrollarse correctamente; algo que no tiene ninguna leche de fórmula. Los bebés que se alimentan con leche materna tienen un sistema inmunológico más fuerte, por lo que enferman menos y de forma más leve —protección frente a la obesidad, la diabetes o las enfermedades cardiovasculares—; además, es también un factor protector frente a la muerte súbita del lactante. Asimismo, crea un vínculo emocional más fuerte con la madre debido al contacto estrecho. La leche materna tiene componentes que ayudan a madurar el cerebro y contribuyen a mejorar sus resultados en el futuro. Además, para la madre permite mejorar la recuperación tras el parto y reduce el riesgo de contraer cáncer de mama. Por todo ello, a nivel internacional se recomienda la lactancia materna exclusiva durante los seis primeros meses de vida del bebé y luego continuar junto con una alimentación saludable hasta los dos años o incluso más, siempre que la mamá y el bebé así lo deseen.
A partir de los seis meses se inicia un nuevo proceso de alimentación, aunque la leche debe ser la principal fuente de alimento durante el primer año. La alimentación complementaria —incorporación de nuevos alimentos— es una oportunidad para mejorar también los hábitos alimentarios de toda la familia; debe realizarse en un ambiente relajado, sin distracciones ni conflictos. Es natural que los niños y las niñas pasen por periodos de selectividad alimentaria y rechazo, aunque suele ser transitorio. Es necesario confiar en su autorregulación, nuestro deber como adultos es ofrecer alimentos saludables y de calidad. Por último, es importante variar texturas, colores, olores y sabores para que el bebé no se aburra.