Andrés Karp
Consultor en IA, datos y marketing estratégico. Fundador de DINAMICBRAiN
Se vive en la era de la respuesta instantánea. Cualquier duda, pregunta o decisión parece tener hoy un atajo: recurrir a la inteligencia artificial. «La IA responde rápido, con aplomo y con una seguridad que, a menudo, resulta convincente. Sin embargo, el problema no reside tanto en la tecnología como en aquello que se deja de ejercitar mientras esta trabaja por las personas», asegura Karp.
Como el experto define, se ha construido una sociedad de «fast-food intelectual. Del mismo modo que se ha sustituido la cocina lenta por la hamburguesa rápida, también se ha cambiado la reflexión pausada por la respuesta prefabricada». La información se consume sin digerirla, las conclusiones se aceptan sin cuestionarlas y el razonamiento se delega en herramientas que «nunca dudan». En este contexto, un estudio de Microsoft Research presentado en CHI 2025 documenta algo que muchos ya intuían: «El esfuerzo de pensamiento crítico disminuye de forma medible en usuarios habituales de IA generativa que muestran una alta confianza en la herramienta», sostiene Karp. El reto, por tanto, no es solo tecnológico, sino educativo. Desde las familias y los centros educativos se plantea una responsabilidad que va más allá de enseñar a utilizar estas herramientas: «preservar el hábito de dudar». Se trata de aprender a preguntarse quién dice algo y con qué intención, a detectar lo que se omite y a formular mejores preguntas antes de aceptar cualquier respuesta. Un joven que sabe dudar está protegido frente a cualquier algoritmo, cualquier bulo, cualquier discurso prefabricado. «La IA no nos reemplazará pero sí reemplazará a quienes no aprendan a pensar con criterio propio», sentencia Karp. «Educar no es llenar de respuestas. Es enseñar a dudar», concluye el experto.
