El desarrollo motor en los primeros años y su impacto en el futuro

África Pol
Fisioterapeuta experta en pediatría y CEO de «Nombre de Mujer»


Cuando pensamos en el desarrollo de un bebé, muchas veces lo reducimos a una lista de hitos desde el nacimiento como el control de la cabeza, voltear, gatear o dar los primeros pasos. Sin embargo, el desarrollo motor en los primeros años de vida va mucho más allá de cumplir etapas. Es la base sobre la que se construye la salud global del niño, tanto a nivel físico como emocional y cognitivo.

El movimiento es el primer lenguaje del bebé. A través de él explora, se relaciona con su entorno y organiza su sistema nervioso. Cada experiencia motora (desde llevarse las manos a la boca hasta reptar o ponerse de pie) tiene un por qué en la construcción del cuerpo. No ocurre por casualidad. Es parte de un proceso madurativo en el que el sistema nervioso central integra información sensorial y genera respuestas cada vez más complejas y coordinadas.
En consulta, vemos con frecuencia cómo pequeñas alteraciones en estas primeras etapas pueden tener repercusiones a medio y largo plazo. No se trata solo de «gatear o andar antes o después», sino de cómo se llega a ese hito. Un desarrollo motor poco variado, con escasa experimentación en el suelo o con interferencias externas (como el uso excesivo de dispositivos que limitan el movimiento), puede influir en la calidad del movimiento, en la postura, en el equilibrio e incluso en funciones como la respiración o la coordinación.
Lo que ocurre en el suelo durante los primeros meses de vida va mucho más allá del movimiento. El desarrollo motor está profundamente conectado con otros sistemas, y cuando un bebé no tiene suficiente tiempo para moverse libremente, pueden aparecer debilidad en algunas zonas del cuerpo, dificultades en la coordinación ojo-mano (clave para la lectoescritura), menor coordinación global o alteraciones en el eje corporal. Con el tiempo, esto puede manifestarse en torpeza, alteraciones en la marcha, problemas de atención o dificultades en el aprendizaje.
También el entorno juega un papel fundamental. Tanto el exceso de estimulación dirigida como la limitación del movimiento y la exploración en el suelo y de diferentes experiencias, pueden interferir en este proceso que debería ser respetado. El desarrollo necesita tiempo, libertad de movimiento y oportunidades de exploración.
Acompañar el desarrollo motor no es enseñar al bebé a hacer cosas, sino ofrecerle el contexto adecuado para que pueda descubrirlas por sí mismo. Suelo firme, tiempo boca abajo, espacios seguros y adultos que observan sin intervenir en exceso son algunas de las claves.
Como fisioterapeuta pediátrica, mi invitación a las familias es clara: más suelo, más presencia, más observación y más confianza en nuestros hijos e hijas. Porque en esos primeros años, en esos pequeños movimientos aparentemente simples, se está construyendo mucho más que la forma de caminar. Se está construyendo la base de su salud futura.