«Un corazón sano es fundamental para el aprendizaje de los niños»

José Ignacio Carrasco
Responsable de la Unidad de Cardiología Pediátrica y Ecocardiografía Fetal del Hospital Vithas Valencia 9 de Octubre

En el marco del foro Creciendo juntos, ¿qué papel juega la salud cardiovascular infantil en el desarrollo educativo y social de los niños?
La salud cardiovascular infantil es mucho más que la ausencia de enfermedad: es la base del desarrollo físico, cognitivo y social de los niños. Un corazón sano asegura una correcta oxigenación del cerebro, fundamental para la concentración, la memoria y el aprendizaje. La prevención empieza en casa y en la escuela. Alimentación equilibrada, ejercicio regular, sueño reparador y menos tiempo frente a pantallas son prácticas simples con efectos duraderos.

Las cardiopatías congénitas afectan aproximadamente a uno de cada cien recién nacidos. ¿Cuál es el principal reto en su detección precoz y cómo ha cambiado el diagnóstico prenatal en los últimos años?
Hoy, el principal reto en la detección precoz de las cardiopatías congénitas no es tanto que existan pruebas diagnósticas, sino que algunas malformaciones todavía pueden pasar desapercibidas antes o justo después del nacimiento. Hemos avanzado mucho, pero seguimos necesitando afinar la detección.

Usted insiste en que «el niño no es un adulto en pequeño». ¿Cómo influye esta idea en el abordaje clínico y acompañamiento de familias?
Esta idea cambia por completo la forma de mirar, diagnosticar y acompañar en cardiología pediátrica: obliga a adaptar la evaluación al crecimiento, a las enfermedades propias de la infancia y a la realidad emocional y social de la familia. En la práctica, eso significa que no basta con trasladar protocolos de adultos; hay que pensar en un organismo en desarrollo, con signos, causas, pruebas y tratamientos distintos. El diagnóstico de problemas cardiológicos en niños exige técnicas y umbrales adaptados a su edad.

La evolución de técnicas como el cateterismo ha reducido la necesidad de cirugía en muchos casos. ¿Qué impacto tiene esto en la calidad de vida de los pacientes?
El cateterismo reduce la necesidad de intervenciones quirúrgicas mayores, condiciona una experiencia menos traumática para el niño, una menor separación de su familia y una reincorporación más rápida a su vida normal.

Más del 90 % de los niños con cardiopatías congénitas alcanza hoy la edad adulta. ¿Cómo ha cambiado esto la percepción social —y también familiar— de estas patologías?
Esta evolución ha desplazado el foco desde la mera supervivencia infantil hacia la calidad de vida a largo plazo y la cronicidad en la etapa adulta. Hoy, en los países desarrollados, ya hay más adultos que niños conviviendo con una cardiopatía congénita. Sin embargo, persiste la idea errónea de que son defectos que se pueden «curar» con actuaciones, cuando en realidad se trata muchas veces de una patología crónica que requiere seguimiento especializado de por vida. El reto actual para las familias es recuperar una dinámica normalizada lo antes posible tras las intervenciones para que el niño no se sienta «diferente» y que la educación sea la misma que la de un niño sano.

Existe aún cierto miedo a que los niños con problemas de corazón practiquen deporte. ¿Qué mensaje trasladaría a familias y centros educativos sobre la actividad física en estos casos?
Es comprensible que exista temor ante la actividad física en niños con cardiopatías congénitas (CC), pero la evidencia científica actual y las guías médicas más recientes proponen un cambio radical: el ejercicio no solo es seguro en la gran mayoría de los casos, sino que es una necesidad vital para el desarrollo saludable del niño. El ejercicio es una necesidad biológica, no un riesgo o algo prohibido. Restringir la actividad física por «sobreprotección» puede ser contraproducente, ya que genera una espiral descendente de inactividad que conlleva efectos de desacondicionamiento, obesidad, hipertensión y una menor autoestima.